Prevención

¿Por qué te lesionas realmente?

El enemigo invisible

Nuestro cuerpo reacciona a cada situación que experimentamos. Al comer, se activa la digestión; al entrenar, el aparato locomotor. Una vez finalizado el esfuerzo, el cuerpo invierte su funcionamiento y comienza a regenerar el tejido desgastado para que esté en condiciones óptimas para el siguiente uso. En el ejercicio físico, esa reparación se manifiesta, por ejemplo, en las agujetas.

Comemos de forma puntual y entrenamos pocas horas en comparación con el tiempo que pasamos en reposo físico. Sin embargo, hay una actividad que mantenemos continuamente: el pensamiento.

Está aceptado que el estrés puede ralentizar una digestión o provocar náuseas. Lo que no está tan extendido, es que cada pensamiento genera una alteración física en una parte concreta del cuerpo. Si un tejido permanece activo porque nuestra mente intenta resolver una dificultad, no puede entrar en fase de reparación. Si este conflicto se alarga semanas, el tejido se desgasta por el trabajo continuado hasta que el estrés mental se resuelve.

En el caso de músculos, huesos, ligamentos y tendones, cuando la mente da la orden de que el estrés ha terminado, comienza una fase de reparación sobre el tejido que requiere descanso. Si en ese momento aplicamos un esfuerzo físico la lesión es inevitable.

La alimentación y la fisioterapia son excelentes para la longevidad y reducir la fatiga, pero poco útiles para prevenir una lesión si no se atiende la causa raíz. El mejor mecanismo de prevención, especialmente en lesiones graves, es la capacidad de mantener la claridad y la paz interior. Ese es el acompañamiento que ofrecemos en nuestra mentoría.

¿Quieres prevenir lesiones trabajando la causa raíz?